Se reflexiona sobre por qué los países desarrollados cuidan mucho su medio ambiente. Tienen reglas y multas muy fuertes contra personas y empresas que ensucian y desnaturalizan la belleza y el aseo de sus ciudades; cuidan de no contaminar sus suelos, promueven artefactos con electricidad alternativa y vigilan y protegen celosamente sus mares y fuentes de agua con el fin de proteger la salud de su población. Además, hacen todo eso porque se sienten más humanos. Países, en su mayoría europeos, tienen esas prácticas.
Es una cosa digna de admirar. Nuestros ancestros también pensaban lo mismo: amaban la limpieza y el cuidado del medio ambiente; por eso se asentaban en fuentes de agua pura, decían, para no enfermarse. En realidad, antes que los europeos, nuestros ancestros comprendieron que la salud es una de las manifestaciones de vida óptimas.
El Tajimat Pujut es el significado de la vida en plenitud. Nuestros ancestros regentaban su propia forma de vida; tenían desarrollado un derecho propio. ¿Pero cómo se está perdiendo todo eso? A partir del año 1532, con la introducción de leyes ajenas, muy distintas al derecho propio; con la llegada de un modelo de educación escolar de cuatro paredes; con la llegada de enfermedades nuevas y desconocidas como la viruela y el sarampión; y ahora mismo se puede observar cómo se expande el VIH/SIDA en nuestras comunidades, y por último, con la introducción de la moneda.
Todo ese cambio no solo afecta al pueblo Awajún, afecta a todo el mundo. El mundo jurídico occidental ha hecho que los pueblos indígenas pierdan su territorio con la creación ficticia de la llamada Comunidades Nativas. Esa figura no fue creada para tener territorio, sino para vivir en un pedazo de tierra, de modo que el resto de los dominios ancestrales sean apropiados por otros. En medio de esos cambios surge la pregunta: ¿qué hacer? Es lo que se preguntaron nuestros viejos en los años setenta, porque se dieron cuenta de que vivir bajo la modalidad de comunidades nativas significaba terminar perdiendo lo que quedaba del territorio ancestral. El Estado nunca pensó que los indígenas selváticos eran muchos; supusieron que con titular unas cuantas comunidades el asunto quedaba resuelto.
A pesar de que casi se extinguió a la población por la epidemia de sarampión, se siguió existiendo. En el tiempo de SINAMOS empiezan las titulaciones de tierras, pero con su desaparición se quitó del presupuesto nacional el recurso para la titulación de tierras de comunidades nativas. El Estado empezó a priorizar la titulación de predios individuales. Ahí nace la idea de crear fuerza en unidad, hasta que surgieron, en el caso Awajún, el CAH y la OCCAAM por Amazonas; IJUNBAU CHAPI SHIWAG por Loreto; y la OAM, ahora FERIAAM, por San Martín; y años después nace ORASI por Cajamarca.
¿Qué rol cumplieron estas organizaciones? Consiguieron fondos externos para la titulación de tierras y gestionaron la creación de colegios secundarios en las comunidades. En Amazonas, por ejemplo, en Nieva e Imaza funcionaban colegios ya en los años setenta. Nuestros viejos lucharon, a través de estas organizaciones, por la creación de los distritos del Río Santiago, del distrito de Imaza y de la provincia de Condorcanqui, todos en 1984; también en San Martín se creó el distrito de Awajún en 1984 y en Loreto la provincia de Datem del Marañón en el año 2005.
En educación, las comunidades, a la cabeza de sus organizaciones, lograron la creación de algunas UGEL. En salud, todo lo que lucharon las organizaciones ahora se refleja en microrredes y puestos de salud en comunidades claves, no en todas lamentablemente. Las organizaciones incluso abordaron la agenda productiva: la OCCAAM promovió un sistema de producción y comercialización del cacao; el CAH, en su tiempo, impulsó la venta de plátano y cacao, facilitando a los productores su traslado; el CAH, por ejemplo, creó bazares comunales para evitar a los intermediarios. La organización Chapi Shiwag promovió la producción y comercialización de arroz, llevando estos productos a Nauta, Yurimaguas y, últimamente, a Lagunas.
Todas las gestiones organizativas de las comunidades unidas han tenido éxitos, pero menos en el tema económico, y el porqué tiene su propia explicación. En primer lugar, las organizaciones no están llamadas a producir dinero. Tener ingresos económicos corresponde al individuo. No se puede quejar diciendo que se es pobre, cuando solo los docentes (más de mil) que trabajan en escuelas y colegios captan un ingreso promedio mensual que, en conjunto, no es menor a cuatro millones de soles.
Contando todos los ingresos asalariados de profesionales y los ingresos por la venta de plátano, cacao y otros productos, incluyendo los recursos municipales, solo en territorio Awajún se mueven más de 400 millones de soles en promedio anual, si no es más. ¿Todo ese shushui a dónde va? Va al mejor cazador. Se han acabado aves, animales y peces que antes abundaban; en su reemplazo ahora abunda el shushui. Nuestros viejos lucharon para que esta generación estudie y sea profesional, para defender y proteger a la población en todo sentido y el territorio.
Sin embargo, se sigue pensando en cómo cazar y cómo pecar, añorando los tiempos de bonanza, pero no se da cuenta de que un nuevo tipo de bonanza abunda en el territorio. Existe territorio para producir; la visión de un Tajimat Pujut moderno es posible, pero solo si se sabe aprovechar ese shushui que abunda. Ese shushui va a grandes tiendas, bares, restaurantes, hoteles y medios de transporte. Incluso se expresa una envidia sana al imaginar a la propia gente como cazadora de esa fortuna,
reflejada en su bienestar económico, en sus empresas y en emprendimientos plausibles.
Pero eso no ocurre. Se plantea la necesidad de ver profesionales Awajún en industrias alimentarias, forestales y agropecuarias, así como profesionales y agricultores que, con sus ingresos, inviertan y generen empleo. Porque, en la versión moderna del Tajimat Pujut, saber invertir y multiplicar la inversión y las ganancias es clave para mejorar la calidad de vida. Seguir pensando que, por culpa de las organizaciones, se está “jodido” es un pensamiento retrógrado, poco profesional y poco analítico, por no decir mediocre. Gracias a la intervención de líderes y organizaciones, casi todas las instituciones están presentes en el territorio.
Si la juventud quiere criticar, primero debe empezar con su autocrítica: preguntarse por qué otros profesionales están bien y por qué otros no. Los docentes, que en sus inicios fueron forjadores de ideas organizativas, ahora deben meditar qué tipo de discurso transmitir y aconsejar a la juventud para que no se conforme con egresar y titularse, sino para que entienda que en ellos está la esperanza de alcanzar el Tajimat Pujut con su ejemplo y las tecnologías adquiridas en su formación.
De lo contrario, sin analizar en qué punto análogo se está entre lo que fue y lo que ahora se es, solo se está enterrando al pueblo. Se observa que muchos profesionales no se dan cuenta de que parte de su deber es contribuir con lo aprendido, y que en ellos está el liderazgo para nuevos emprendimientos. Se expresa el deseo de ver Awajún propietarios de hoteles, tiendas y restaurantes. Se felicita a algunos hermanos que tienen talleres de carpintería, de motos y negocios de venta de mercadería, pero son pocos; se necesita que sean muchos más. A estas alturas, siendo profesionales y teniendo sueldo, conformarse con criticar a las organizaciones suena a envidia.
Para entender mejor al GTAA, se debe comprender bien la historia Awajún, la vida Awajún y su derecho, que no se enseñan en la universidad. Se aprenden con la sabiduría de los viejos, transmitida en forma de cuentos y leyendas, y con la investigación de antiguas crónicas. Lo que el pueblo Awajún hace a través del GTAA es reivindicar que el Estado reconozca al pueblo Awajún como sujeto principal de derecho, porque solo así dejará de decir que el área no titulada es libre y tendrá que reconocer que es del pueblo Awajún, aun cuando no esté titulada. De lo contrario, avanza la invasión de tierras por foráneos en el territorio Awajún, quitando espacios y derechos, e impidiendo que el pueblo sea reconocido con capacidad para administrar su desarrollo integral de acuerdo con sus prioridades.
Se exige que el pueblo Awajún sea reconocido mediante una norma de derecho público especial, como ocurre con los indígenas de Groenlandia, las reservas indígenas de Estados Unidos, los resguardos de Colombia o las autonomías de Bolivia, entre otros. El GTAA no tiene como objetivo crear economía, sino asistir en la transferencia de conocimientos sobre cómo producir mejor. En ese sentido, al cuarto
año de su creación se ha empezado a brindar asistencia técnica a algunas comunidades productoras de cacao, y este año se busca extenderla a los demás productores. Desde tiempos antiguos, los ancestros han querido vivir en un medio ambiente sano y así educaron a sus hijos; algunas personas de esta generación aún lo saben.
Ni el ancestro ni el predicador del buen vivir y del Tajimat Pujut consideran aceptable malograr las cabeceras de los ríos, porque se sabe perfectamente que eso daña la salud de la gente y de la población en general. Por ejemplo, algunos Awajún, en alianza con choneros, se han encargado de destruir la cabecera de Sawientsa. En una consulta realizada en 2006, las comunidades del Cenepa y sus cuencas reunidas dijeron que se debía crear un Parque Nacional en la Cordillera del Cóndor para protegerla de la minería. La población, por unanimidad, sostuvo que se debía conservar la Cordillera del Cóndor porque de ahí se alimentan las aguas del Comaina y del Cenepa. El Estado, en el camino, recortó el área a favor de los mineros, y ese territorio hoy es tierra de desastre, incluso promovido por algunos Awajún que se encargaron de destruir la cabecera del mencionado río.
Sería distinto si se extrajera oro de manera artesanal, pero en esa zona se han instalado más de cuarenta retroexcavadoras que sacan oro diariamente por kilos. El tractor que destruye el Ejército es recuperado por sus dueños en solo un par de horas de extracción de oro. El centro de operación de esa destrucción del territorio Awajún es Kumpanam. Sus mercenarios ahora confunden a la población; incluso profesionales indígenas que deberían opinar de manera reflexiva lo hacen a favor de la destrucción sistemática e implícita del territorio.
Hacer economía no es delito, pero sí lo es hacer economía destruyendo la fuente de agua. Es un delito implícito contra el derecho a una vida sana y va en contra de la Constitución Política del Perú, además de estar tipificado en el Código Penal. El GTAA no es intermediario de las comunidades; es complemento de un derecho pisoteado por la colonia y por el propio Estado. Se dice que el GTAA se opone y traba a las comunidades; que alguien diga qué comunidad es víctima de tal abuso. Por el contrario, el GTAA es acompañante y reforzador de todas las iniciativas positivas que promuevan las comunidades. Hay que informarse bien antes de opinar. El GTAA desea que los comuneros sean emprendedores y que las comunidades crezcan; existe un respeto absoluto por la autonomía, pero debe entenderse bien: no se puede usar la autonomía para destruir el hogar común, que es el territorio.
Se espera que los profesionales impulsen la agroforestería, la piscicultura, la apicultura, el cacao, el plátano y el bambú. Los apach que trabajan el bambú captan ingresos que superan el medio millón de soles. ¿Por qué el apach que tiene una parcela produce más y los Awajún no? En esta vida moderna, la esperanza está en los profesionales para manejar la tecnología. Si ellos solo se dedican a destruir el sagrado territorio y sus seguidores aplauden, ¿a qué situación se ha llegado?
Afortunadamente, la mayoría de los profesionales no están inmersos en esa dinámica. El GTAA existe para que las comunidades y el pueblo Awajún gobiernen y promuevan su desarrollo, teniendo en cuenta que, cuando se trata de economía, se requieren iniciativas individuales o familiares, y a ellas tampoco se les cierra la puerta. Para alcanzar esta meta hay mucho por hacer. Despertar significa mirar a quien está al lado y preguntarse si realmente es un Awajún consecuente o un Awajún involucrado en la destrucción y la criminalidad.
De la ideología de la destrucción nace la ideología del crimen. Se hace un llamado a todos los líderes de buenos oficios y a las comunidades a continuar trabajando por el camino que dejaron señalado los viejos, para alcanzar el Tajimat Pujut junto a los buenos profesionales.
Directiva del Gobierno Territorial Autónomo Awajún