El 10 de agosto, último día del Congreso de Mujeres Awajún se convirtió en un espacio de reflexión profunda y acción colectiva, donde la soberanía alimentaria y la defensa de las chacras integrales se colocaron en el centro del debate.
La jornada inició con las palabras de la Waisam Matut, quien recordó a las asistentes que el cuidado de la tierra y de las semillas no solo es un deber ancestral, sino también un acto de resistencia frente a las amenazas externas.
Enseguida, la antropóloga Susana Ramírez expuso sobre los graves riesgos que traen los pesticidas prohibidos, señalando su impacto en la salud y en los ecosistemas. Ramírez insistió en la necesidad de proteger los cultivos originarios, los cuales, además de estar libres de químicos, son una fuente invaluable de nutrientes.
Uno de los momentos más significativos fue el encuentro de semillas, dirigido por la antropóloga Ximena Flores. Allí, las mujeres intercambiaron semillas de uso agrícola, medicinal y para la biojoyería, compartiendo también los saberes asociados a cada una: cómo se preparan, cómo se cultivan y qué beneficios brindan. Para muchas participantes, fue la primera vez que conocían ciertas plantas y sus propiedades, lo que hizo de este intercambio un verdadero acto de aprendizaje colectivo.
Este intercambio parecido a los trueques que se practicaban en el pasado, revitalizaron el Congreso, se destacó como un mecanismo vital para preservar y expandir la biodiversidad en la región, asegurando que las semillas viajen y se adapten a distintos territorios, manteniendo viva la herencia cultural y alimentaria del pueblo Awajún.
La jornada culminó con danzas colectivas, donde todas las mujeres unieron sus pasos en un mismo ritmo, símbolo de la fuerza, la unidad y el compromiso con la vida y la tierra.
La soberanía alimentaria es el camino para proteger la salud, la cultura y el futuro de los pueblos originarios.





